El «fact-checking» fue creado por un instituto financiado por George Soros

El sistema del «fact-checking» para evitar las supuestas «fake news», tan de moda a día de hoy, no fue inventado por portales como Newtral o Maldito Bulo.

El creador de este sistema fue el Poynter Institute estadounidense vinculado a las fundaciones Open Society de George Soros y relacionado con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

La citada institución, dedicada en teoría a la formación de periodistas, desarrolló, bajo la dirección de Pierre Omidyar, a lo largo de 2016 un sistema para «verificar noticias» cuyo objetivo era realmente la gestión y selección de los flujos de información en función de una agenda política promovida por el Nuevo Orden Mundial.

Entre los directivos del Poynter Institute se encuentran Ammara Durrani y Sarah Farnsworth (antiguas altas funcionarias de la USAID) así como editores de algunos de los principales medios de comunicación globalistas como Los Angeles Times o el Jewish Journal.

La red global del Poynter Institute abarca a más de 9.000 personas, en su mayoría periodistas, que aplican los sistemas de «fact-checking» para supuestamente impedir la proliferación y publicación de noticias falsas.

Fuente:

Revista Penunbra. Temas en este artículo: Control MentalGeorge SorosInstituto Tavistock, Open Society

Los contenidos publicados son responsabilidad de su autor y no necesariamente reflejan el punto de vista de Planeta Libre.

Compartir esta publicación

Videos
Posts recientes
Este momento crucial
Vídeo
Newsletter

Suscríbase a nuestro boletín mensual para mantenerse actualizado

Te puede interesar

El plan para reemplazar la carne y la leche con grillos y cucarachas

De acuerdo con las personas que promueven el Gran Reinicio (Gran Reseteo), consumir alimentos enteros no solo es algo “insostenible” sino también algo que “destruye el medio ambiente”, por lo que se debe reemplazar con ingredientes transgénicos y alternativas de proteínas hechas de insectos, plantas y biología sintética. El Foro EAT, cofundado por el Wellcome Trust y el Centro de Resiliencia de Estocolmo en 2014, desarrolló una “Dieta Planetaria” destinada a aplicarse a toda la población del mundo. Implica reducir el consumo de carne y lácteos hasta en un 90 %, además de trabajar con empresas de biotecnología para así reemplazar los alimentos enteros con alternativas creadas en laboratorio. Una vez que las corporaciones tengan el monopolio de la carne, lácteos, cereales y los aceites, serán ellas las que se beneficien y controlen el suministro de alimentos. Las empresas que controlan el suministro de alimentos controlarán países y poblaciones enteras.

¿Que está pasando en nuestros cielos? La realidad que nos ocultan: el clima como arma de guerra

La manipulación del clima se hace visible estos días con mayor evidencia. Ni un solo rincón de España se escapa a la invasión de aviones fumigadores que trabajan a destajo para tintar de gris el azul de nuestros cielos. Las denuncias al Seprona y en los juzgados se han convertido en algo rutinario. Pero es demasiado tarde. El cambio climático provocado por las élites, con la complicidad de los políticos e instituciones mundiales es ya imparable. El espacio aéreo ya no nos pertenece. Pero esta historia empezó a fraguarse hace muchos años.

Si decidimos imaginar el mundo como una máquina, la realidad se presentará como una máquina

A diferencia del pensamiento renacentista conjuntivo, el pensamiento ilustrado (es decir, nuestro modo contemporáneo de ver y conocer) es esencialmente disyuntivo. El “ojo” o el intelecto está separado y desvinculado de los “objetos” que se examinan mecánicamente. El pensamiento mecanicista hizo muy poderosa a Europa occidental, pero llevado al extremo y remodelado como una ideología divisoria radical de la transformación humana, está llevando a Occidente al desastre. Por ejemplo, la “nueva sabiduría” procedente de Silicon Valley y Davos, surgida a raíz de la revolución cibernética de los años sesenta afirma que la tecnología “crece” con la vida, pero desligada de ella, como un “elan vital” sintético y determinista, sin tener en cuenta el pensamiento humano ni el libre albedrío. Es decir: la ciencia, en esta nueva visión, ya no está al servicio de la humanidad.