En los Estados Unidos, en las décadas de 1950, 1960 y 1970, decenas de miles de personas, reclutadas entre los indigentes, los desheredados, en prisiones, hospitales, cuarteles y orfanatos, sirvieron como conejillos de indias involuntarios para un programa ultrasecreto de la CIA. El objetivo de los científicos: borrar la memoria, hacer confesar a un enemigo, construir una máquina humana lista para matar contra su voluntad. Con frío cinismo y una voluntad sin límites, en un ambiente de Guerra Fría, los estadounidenses intentaron encontrar “el arma perfecta” que les permitiera esclavizar a individuos o poblaciones enteras.

Fabricación de espías programables remotamente: en los documentos de la CIA encontramos todos estos experimentos que tienen como objetivo crear super-espías. Consiste en crear una nueva personalidad en un conejillo de indias y darle una misión como matar a alguien, robar documentos o infiltrarse en redes. Y cuando termina la misión, se reprograma y el sujeto no recuerda nada.

Utilizando imágenes de archivo, testimonios de sobrevivientes, documentos secretos desclasificados y entrevistas con soldados y agentes retirados, este documento muestra cómo la CIA implementó una política de terror, sirviendo de LSD, electroshock, lobotomías e hipnosis.

Este documental demuestra la fuerte participación de los servicios estadounidenses para infiltrar, financiar y reclutar químicos que en su mayoría eran elementos brillantes de la sociedad civil. Finalmente, muestra cómo los hombres de la CIA y el ejército pudieron actuar sin ninguna consideración por la vida de los demás.

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Del covid a la ‘emergencia climática’: difundir el terror para justificar más restricciones

Las emergencias van cambiando de registro. El covid desapareció cuando Putin invadió Ucrania y la guerra ya no existe porque ahora la emergencia climática desborda las escaletas de los informativos en televisión. Los mapas del tiempo se tiñen de rojo representando a España como “El Infierno”de Hernando de la Cruz . Un par de grados más y cualquier día sale ardiendo el plató.
Como sucede con la sección de deportes, el espacio dedicado a la información meteorológica ya no es tal para convertirse en ariete ideológico al servicio de la causa climática. Al calor en verano se le llama “ola de calor” y las mismas temperaturas que antes se representaban en colores claros ahora abarcan toda la gama de rojos, amarillos y magenta, haya 26 grados o 40.

La religión climática

Contando con que la gran mayoría de los españoles (y otras nacionalidades) son tan maleables como el latón, era de esperar que nos la colaran con el cuento del clima.
Uno de los fenómenos más notables de la «pandemia» ha sido el apoyo ciego de la mayoría de la población a las medidas abusivas que impusieron los distintos gobiernos en cada uno de los diecisiete reinos de taifas que forman España. Los confinamientos, los cierres perimetrales, las prohibiciones absurdas y los recortes de libertades tuvieron un respaldo masivo. Gran parte de los ciudadanos acataron de forma acrítica todo tipo de estrategias sin importar que cada una fuera más tiránica que la anterior. Consiguieron que la gente dejara de salir de casa, se lavara las manos de forma compulsiva, se pusiera la mascarilla permanentemente y hasta se apartase de su propia familia. Fomentaron tal obsesión, que millones de ciudadanos asumieron normas inverosímiles a cualquier precio, incluso se olvidaron de sus derechos más fundamentales.
Asentaron un precedente tan envenenado, que todos los mecanismos perversos que se aplicaron durante la epidemia continúan dando su fruto en las políticas que el gobierno está adoptando para combatir la imaginaria crisis del clima.
Ya estamos viendo que este asunto no se está abordando de manera racional. No permiten el debate ni la confrontación de ideas. Es fácil silenciar al que discrepa de la versión oficial y no sigue los dogmas de la Agenda 2030.

Si decidimos imaginar el mundo como una máquina, la realidad se presentará como una máquina

A diferencia del pensamiento renacentista conjuntivo, el pensamiento ilustrado (es decir, nuestro modo contemporáneo de ver y conocer) es esencialmente disyuntivo. El “ojo” o el intelecto está separado y desvinculado de los “objetos” que se examinan mecánicamente. El pensamiento mecanicista hizo muy poderosa a Europa occidental, pero llevado al extremo y remodelado como una ideología divisoria radical de la transformación humana, está llevando a Occidente al desastre. Por ejemplo, la “nueva sabiduría” procedente de Silicon Valley y Davos, surgida a raíz de la revolución cibernética de los años sesenta afirma que la tecnología “crece” con la vida, pero desligada de ella, como un “elan vital” sintético y determinista, sin tener en cuenta el pensamiento humano ni el libre albedrío. Es decir: la ciencia, en esta nueva visión, ya no está al servicio de la humanidad.