En los Estados Unidos, en las décadas de 1950, 1960 y 1970, decenas de miles de personas, reclutadas entre los indigentes, los desheredados, en prisiones, hospitales, cuarteles y orfanatos, sirvieron como conejillos de indias involuntarios para un programa ultrasecreto de la CIA. El objetivo de los científicos: borrar la memoria, hacer confesar a un enemigo, construir una máquina humana lista para matar contra su voluntad. Con frío cinismo y una voluntad sin límites, en un ambiente de Guerra Fría, los estadounidenses intentaron encontrar “el arma perfecta” que les permitiera esclavizar a individuos o poblaciones enteras.

Fabricación de espías programables remotamente: en los documentos de la CIA encontramos todos estos experimentos que tienen como objetivo crear super-espías. Consiste en crear una nueva personalidad en un conejillo de indias y darle una misión como matar a alguien, robar documentos o infiltrarse en redes. Y cuando termina la misión, se reprograma y el sujeto no recuerda nada.

Utilizando imágenes de archivo, testimonios de sobrevivientes, documentos secretos desclasificados y entrevistas con soldados y agentes retirados, este documento muestra cómo la CIA implementó una política de terror, sirviendo de LSD, electroshock, lobotomías e hipnosis.

Este documental demuestra la fuerte participación de los servicios estadounidenses para infiltrar, financiar y reclutar químicos que en su mayoría eran elementos brillantes de la sociedad civil. Finalmente, muestra cómo los hombres de la CIA y el ejército pudieron actuar sin ninguna consideración por la vida de los demás.

Compartir esta publicación

Videos
Posts recientes
Este momento crucial
Vídeo
Newsletter

Suscríbase a nuestro boletín mensual para mantenerse actualizado

Te puede interesar

La Fundación Rockefeller «anticipó» en un informe de 2010 la pandemia de covid. Qué casualidad…

La institución previó que China sería el primer país en poner a su población en cuarentena y que Occidente impondría la mascarilla obligatoria y la medición de temperatura en los aeropuertos.
En la Quinta Avenida de Nueva York, coincidiendo con la Calle 37, se alza un poderoso edificio que alberga la sede de la Fundación Rockefeller. Esta institución fue inaugurada con fines «filantrópicos» (mejor dicho de manipulación) hace más de 100 años, en 1913, por el dueño de la Standard Oil, John D. Rockefeller. Hoy en día, su actividad abarca desde la financiación de (falsas) energías sostenibles hasta el impulso de la vacunación contra el coronavirus en países de bajos ingresos. Esta organización también elabora diversos informes a lo largo del año y uno de ellos ha sido noticia recientemente al ser citado por un político holandés. Se trata de un documento publicado en 2010, bajo el título ‘Scenarios for the Future of Technology and International Development’, donde se anticipa con gran acierto la pandemia de covid-19.

Los principales científicos del clima critican la histeria del calentamiento global como una gran «tergiversación, exageración y mentira descarada»

Dos científicos atmosféricos estadounidenses de alto nivel han descartado el sistema de revisión por pares de la literatura científica climática actual como «una broma». Según los profesores eméritos William Happer y Richard Lindzen, «es una revisión de amigos, no una revisión de pares».
Los dos hombres han tenido largas y distinguidas carreras en física y ciencia atmosférica. “La ciencia del clima está inundada de datos manipulados, que no proporcionan evidencia científica confiable”, afirman.
El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) tampoco puede proporcionar evidencia científica confiable, dicen, que está «controlado por el gobierno y solo emite hallazgos dictados por el gobierno». Los dos académicos llaman la atención sobre una regla del IPCC que establece que todos los resúmenes para los formuladores de políticas son aprobados por los gobiernos. 

La Ciencia vendida a los intereses económicos

La investigación ha dejado de ser una libre herramienta del pensamiento y ha quedado atrapada en redes más profundas de la sociedad de consumo, que esencialmente invierte en ella para sacar beneficio». Esta situación, muy propia de la industria privada y de grandes empresas multinacionales, ha entrado de lleno en el ámbito académico y ha relegado a la investigación independiente y no sometida a los factores de poder, a una posición secundaria criticable y «a extinguir».